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El tratamiento de la leucemia depende de sus apellidos (aguda - crónica, mieloide - linfoide), de lo avanzado de su estado y del estado físico del enfermo.
Antes de decidir el tratamiento, los médicos especialistas (hematólogos) realizarán todo tipo de pruebas que consideren necesarias para determinar los parámetros que le ayudarán a decidir el siguiente paso.
Habitualmente es suficiente con una analítica completa y un aspirado de médula para determinar el subtipo de leucemia, pero para afinar al máximo pueden hacerse estudios del tipo de célula afectada (blastos), el recuento de éstas en la sangre y en la médula ósea.
El tratamiento de la leucemia, sea cual sea, busca la eliminación del máximo número de blastos que sea posible hasta que sea suficientemente bajo como para considerar que la enfermedad se ha detenido (no curado). A esta situación se la llama remisión.
Lo más común es el uso de quimioterapia. Se trata de la administración de diversas drogas cuyo efecto combinado, puede llevar a la remisión de la enfermedad.
Al tratarse de drogas químicas, siempre pueden producir efectos secundarios, que en determinados enfermos y situaciones pueden llegar a ser muy graves. Debemos tener en cuenta que la quimioterapia no distingue blastos de células sanas y elimina ambas por igual.
Por ello se hacen análisis de sangre regulares para controlar la calidad de la sangre, es decir, que el número de glóbulos blancos, rojos y plaquetas es suficiente. En caso de no serlo se administran desde el exterior con transfusiones de sangre y plaquetas.
A veces se refuerza este tratamiento con la radioterapia, aplicada a grandes zonas de médula ósea afectada para reducir drásticamente el número de blastos.
Hace unos años se convino por parte de las autoridades médicas europeas establecer unos procedimientos estandar a aplicar para cada tipo de leucemia. Esto agiliza el trabajo de los especialistas en el momento de decidir el tratamiento para cada paciente.
En muchos casos, al conseguir la remisión total de la enfermedad, para asegurar su erradicación se administra una quimioterapia final que intenta limpiar totalmente la médula y posteriormente se realiza un transplante de médula.
Éste transplante puede ser realizado de un donante sano (transplante exógeno) ó bien del mismo enfermo (transplante endogeno).
Para el transplante exógeno se busca un donante, en primer lugar, de su propia familia (hermanos, padres, hijos) y en caso de no encontrar a nadie compatible se acude a los bancos de donantes gestionados por estamentos médicos o privados como la Fundación Josep Carreras.
Para el transplante endógeno se extrae médula sana del enfermo que, sobretodo los enfermos de los diversos tipos de leucemia crónica aún la producen, y se trata químicamente en laboratorio para eliminar cualquier blasto que pueda encontrarse. Posteriormente, tras un cultivo también en laboratorio, se vuelve a implantar (tras la última quimioterapia antes mencionada) esperando que se produzca de este modo la curación de forma más permanente.
Este transplante endógeno tiene de ventajoso sobre el exógeno, que no existe prácticamente riesgo de rechazo, ya que la médula implantada es la del propio enfermo.
Una vez conseguida la remisión total, aún deberán hacerse revisiones regulares durante los siguientes años para controlar que la enfermedad no reaparece.
Personalmente creo que el futuro de la curación de la leucemia se debe buscar a través del estudio genético y no a través de drogas químicas.
Las drogas, en enfermos de leucemias refractarias, llegan a ser tan tóxicas que en muchas ocasiones provocan la muerte del enfermo, directamente, o a mediante la eliminación de su sistema inmunitario, lo cual permite el ataque de infecciones externas.
La leucemia es originada por una mutación de las células madre que se convierten en los componentes de la sangre. Los investigadores médicos deben llegar a determinar un sistema para provocar una nueva mutación de esas células para la curación total del enfermo sin efectos secundarios.
Parece lo más sencillo, pero el hecho de que hasta el año 2001 no se haya podido determinar el mapa completo del ADN humano, indica que el tema está muy atrasado y tardará aun unos años en ver la luz.
Última revisión: 20-01-2007